MONARQUÍA

El monarca instruye, ordena, impone sus ideas sin el menor interés en otorgar la atención que se requiere ante lo que el pueblo demanda.
PUNTERO

Vemos tan lejano en tiempo y espacio a los pueblos en los que su gobierno está cimentado en un régimen monárquico, en el cual las decisiones de un rey se ejecutan, por el simple hecho del origen de la orden, que hemos perdido la capacidad de darnos cuenta que en México sucede lo mismo, con un Presidente que instruye sin importar la opinión de la población.

Deberíamos sentirnos tan pisoteados como nuestros antepasados cuando los Reyes de España gobernaban a distancia a lo que ahora es nuestra Patria, donde el estatus quo solo daba valor a lo que expresaran los propios españoles o quienes apoyaran a su forma de gobierno.

En aquellos años la orden real que se emitiera desde España, era acatada sin demora, sin oportunidad de opinar al respecto, sin importar en el sufrimiento humano que la instrucción acarreara y sin conocer su prudencia para mantener la paz de la Nueva España.

Tal como entonces ahora tenemos un monarca, vive como tal, entre los lujos que provee el que nunca ha sido y ahora menos, nuestro Palacio Nacional, hoy es su Palacio.

El monarca desde ahí instruye, ordena, impone sus ideas sin el menor interés en otorgar la atención que se requiere ante lo que el pueblo demanda.

Las mujeres no pudieron tocar su Palacio, justificando a través de terceros que es un monumento histórico, mandó a amurallarlo con vallas lo suficientemente altas para no verlas y mucho menos escucharlas.

Dió la orden de que se ratificara a Salgado Macedonio, señalado por agresiones a mujeres, como candidato de su partido, a la gubernatura de Guerrero.

Instruyó la protección para el analista Andrés Roemer, por ser uno de los aliados a su movimiento, a pesar de contar con más de 60 denuncias en su contra por agresión sexual a mujeres.

No da oportunidad a las mujeres de su gabinete para que realmente hagan lo que el encargo conferido les demanda.

No escucha al pueblo y lo que oye no es de su agrado, ya chole, fuchi y otro términos coloquiales usa para expresar su desacuerdo al descontento del pueblo, pero olvida que su monarquía es bastante efímera, aún cuando ha enviado el mensaje entre líneas de quien pudiera dar continuidad a su mal logrado proyecto de gobierno.

Algo así sucedía cuando el pueblo de la Nueva España quiso buscar su independencia y derrocar a la monarquía.

Ahora eso se logra a través de la democracia, el voto es el poder del pueblo para derrotar a quien se pierde de la realidad y se asume como un monarca, sin escuchar, sin ver, sin percibir lo que el pueblo exige.

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