EL VALOR DE LA VIDA

Los adultos somos los primeros responsables de la vida de los niños, adolescentes y jóvenes con los que vivimos.
Ana María Hernández Díaz

Según Sartre “Los valores son ejes fundamentales por los que se orienta la vida humana y constituyen a su vez, la clave del comportamiento de las personas”. En consecuencia, el valor de la vida es el principal precepto que deben disfrutar y respetar los seres humanos.

Y para abonar, la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 3 señala que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Lo que implica, que la vida además es un derecho humano y al serlo se tendría que velar siempre por respetarlo. No obstante, ¿Por qué no difundimos o por qué olvidamos lo que desde 1948 describe la Declaración Universal de Derechos Humanos con relación a que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”?

Ante ello, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos comenta en su artículo 1, que: “Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, independencia, indivisibilidad y progresividad”.

El panorama en favor de cuidar, proteger y respetar principalmente la vida está regulado a nivel internacional y, por supuesto, en México, pero muchos pensamos, y esto al final del día de qué sirve cuando escuchamos casos terribles como el de la niña “Nicol”, sustraída por un sujeto cuando jugaba con un grupo de niñas en Tizayuca, Hidalgo y quien apareció muerta el 9 de marzo; o el caso de  Viviana Monserrat, de apenas dos años de edad, víctima de un hombre de su propia familia (su cuñado) quien la mató a golpes el 6 de marzo cuando intentaba abusar sexualmente de ella en Silao, Guanajuato; o el caso de Nancy Jaqueline, asesinada por su pareja sentimental el 3 de marzo en la alcaldía de Miguel Hidalgo…

Hechos que laceran el valor de la vida de tres valiosas mujeres, donde tal parece que la edad, el lugar y tiempo no importan, porque se dio una violación a su vida, a sus derechos, los cuales no fueron cuidados por los adultos que convivían cerca de las menores o el caso de la “mujer policía”, lastimada por su pareja y que lamentablemente vivía momentos de constante violencia.

Fallamos como sociedad porque no estamos al tanto de las personas con las que convivimos y permitimos abusos de esta naturaleza, y también fallan las autoridades tanto a nivel federal, estatal y municipal, pues la negligencia y lentitud de actuación lleva a llegar muy tarde, es decir cuando ya se cometió el homicidio y/o feminicidio.

Es fundamental, que todos y todas cuidemos, protejamos y hagamos respetar el valor de la vida, lo cual es responsabilidad de la familia con la que convivimos día a día. Es urgente exigir y denunciar de inmediato la intervención de las procuradurías, las agencias de seguridad estatal, policía municipal y todas las autoridades que tienen la obligación y responsabilidad de apoyar a la población.

Nosotros los adultos somos los primeros responsables de la vida de los niños, adolescentes y jóvenes con los que vivimos, por eso cumplamos con la obligación de cuidarla y valorarla…el valor de la vida está en nuestras manos, cuidémosla.

LA AUTORA: Es Docente del Centro Universitario UAEM Zumpango.

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