MENTE Y DEMOCRACIA

Transcurridos más de dos años de gobierno, se confirma que las decisiones no solamente no se reflexionan, se dictan desde Palacio Nacional.
LUIS DOMÍNGUEZ

Cuando existe la apertura y la voluntad de escuchar por parte del gobernante se incentiva la participación que desde diversas posturas aporta elementos para enriquecer la toma de decisiones, lo que deriva en soluciones que beneficien a más amplios sectores de la población. La mente de un líder gobernante y la influencia que esta ejerce, es determinante de los destinos del pueblo que representa.

Ante las múltiples limitaciones que implicaría para un gobernante recibir, filtrar y analizar la información suficiente para tomar todas las decisiones, inicialmente se establecen líneas generales para definir el rumbo y el estilo de gobierno que se pretende ejercer y, con base en ello, se delegan ciertas responsabilidades en las estructuras jerárquicas, garantizando así el espacio mental y temporal que el gobernante requiere para la retroalimentación y evaluación permanente del desempeño institucional con una visión más amplia y transversal de los retos que enfrenta, lo que le permite tomar oportunamente las decisiones más relevantes para no perder el rumbo y alcanzar los objetivos planteados inicialmente.

Si bien, la información y opiniones que quienes integran estas estructuras proveen son un insumo indispensable para la toma de decisiones, la mente del gobernante y el grado de liderazgo que ejerce, más allá del aspecto meramente jerárquico, es la que acaba por definir para bien o para mal el curso de la administración que encabeza.

En nuestro país, después de varios años empecinado en convertirse en presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, logró finalmente convencer a un electorado harto de lo experimentado con otros gobiernos y fuerzas políticas, mediante un conjunto de ideales y propuestas predominantemente de izquierda.

Ni a sus seguidores ni a sus detractores podría sorprender, en principio, que López Obrador impulsara una serie de cambios radicales al asumir la presidencia. Ya desde el período de transición previo al inicio formal de su sexenio, dio claras señales de la forma del gobierno que habría de encabezar y particularmente, de la influencia tan profunda que su mentalidad tendría en la manera de tomar decisiones en su administración.

Sin embargo, con decisiones controvertidas y unilaterales tomadas precisamente desde el período de transición, como lo fue la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco, motivada por supuestos actos de corrupción y “legitimada” por una consulta improvisada y sin un rigor metodológico que estuviera a la altura de las consecuencias de esta cancelación, ya se presumía una mentalidad egocéntrica, que toma decisiones mientras finge escuchar.

Transcurridos más de dos años de gobierno, se confirma que las decisiones no solamente no se reflexionan, se dictan desde Palacio Nacional, desde lo más profundo de una mente llena de prejuicios que, si a caso, se deja influenciar sólo por las opiniones, datos y elementos que refuerzan esos prejuicios.

En esta forma permanente de tomar decisiones, ha llegado un punto en el que se exhibe cada vez más una mentalidad muy alejada de los ideales de izquierda y las luchas que esta corriente ideológica postula y defiende, se ha mostrado una mente franca y abiertamente vanidosa, que exalta sus virtudes, perdona sus errores, que se asume invencible y omnipotente, que filtra, distorsiona y hasta niega la realidad.

Por supuesto, en esta fuerte influencia que ejerce el presidente, sus colaboradores más cercanos han adquirido la costumbre de decirle lo que quiere escuchar, adaptando, forzando y manipulando datos e información de tal manera que complazcan los deseos presidenciales, evitando a toda costa perder su simpatía y ser expulsado al tan repudiado grupo de adversarios neoliberales y conservadores, como ya ocurrió con algunos miembros de su gabinete que osaron contradecirlo o discrepar públicamente de el.

Este círculo vicioso que alimenta el ego presidencial, también permea entre sus seguidores y la polarización entre la ciudadanía ya no es en torno a ideas o decisiones sino a la figura de Lopez Obrador, cayendo en un culto a la personalidad, en el que todo conflicto y reto que enfrenta su gobierno no es considerado producto de la compleja realidad, sino de la mente perversa de sus adversarios que conspiran permanentemente en su contra, casi como molinos de viento quijotescos.

Quienes entran a este campo de distorsión de la realidad persuadidos por la figura presidencial quedan abstraídos de los problemas tangibles y al igual que el, desarrollan una lealtad irracional a sus creencias, buscando evidencia que las respalde y evitando o negando la información que las contradiga. Desafortunadamente, tarde o temprano la realidad, más terca que cualquier mente, acaba por alcanzarnos a todos por igual, imponiéndose una y otra vez, en forma de pandemia, de corrupción, de violencia, de carencias, de pobreza, de cambio climático y desastres naturales, entre otras calamidades, que acaban por unirnos voluntaria o involuntariamente para hacerles frente a pesar de politicos y gobiernos.

Afortunadamente, nuestro país cuenta (aún) con instituciones, organismos autónomos y en general una valiosa estructura democrática que dan al ciudadano la oportunidad de defender su punto de vista y sus derechos, ante arbitrariedades y decisiones gubernamentales y, en última instancia, encausar en las urnas la aprobación o el descontento con los gobiernos en turno.

En el próximo proceso electoral se confrontarán las mentes que reconocen la realidad y ofrecen soluciones y las que niegan la realidad y ofrecen “otros datos”, por su parte la mente de los electores debe estar a la altura de esta decisión, reflexionando y emitiendo su voto de la forma más racional posible.

EL AUTOR. Es especialista en desarrollo de estrategias de comunicación digital y contenido multimedia, con experiencia en proyectos del sector privado y de la comunicación social gubernamental en los niveles municipal, estatal y federal.

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